Nuestro final latiente.

16.08.2017

He buscado por todos los rincones de tu cuerpo algo que te hiciese perder tu encanto. Primera batalla fallida. Cada vez que perdí la cabeza, me encontré rodeada por ti, por tus brazos y todas esas ganas locas de no dejar nunca de quererme.

Que digan lo que quieran, que pongo mi mano y hasta el brazo en el fuego por que no hay mejor trilogía que una cama, tu boca y la mía.

Si alguna vez alguien me dijese que te describa en una palabra me faltarían miles y me sobraría una. Demasiado sublime, demasiado musa y demasiado tuya. Si al tiempo se le antoja, quiero que ese rincón de tu pecho también pueda tener algo de mí. Quiero que volvamos a besarnos bajo el agua, bailar al ritmo que trae la luna a alguna noche aburrida. Quiero verte reír, volver a morderte justo en el punto peligroso de tu cuello. Y llorar, siempre de alegría.

Hay poesía que no son palabras, que no son líneas ni una tipografía perfecta en el papel más cuidado. Hay poesía que consigues hacer cada vez que me sonríes, que me besas y que tus ojos brillan.


Supongo que no siempre se gana, y a veces perder es mejor que cualquier otra cosa. Empiezas a sentirte y a quererte, a dejar de querer a quien realmente no lo hace, o al menos no sabe como mantenerlo.

Supongo que la vida me hizo darme cuenta de que sin ti, yo sí, y contigo también, que no dependo de tu felicidad aunque ojalá depender con ella.