Incluso sin respirar

28.06.2017

Desaparece el verbo respirar cada vez que pasan tus caderas por mi campo de visión.

Se me olvida completamente en qué día vivo pero al verte a los ojos sé claramente dónde quiero vivir.

Podría contar con los dedos de una mano a las personas que quiero ver al despertar cada mañana, y las cinco eres tú.

Tener esa complicidad incluso lejos, pensar como si fuésemos la otra, reírnos por todo y de nada y demostrar que nos queremos intentando picarnos.

No me gustan las rutinas, pero en el momento en el que llevan tu nombre, se convierten en parte imprescindible de mí.

Eres la montaña rusa de la no quiero bajarme, el reflejo más bonito de lo que para mí significa amor, y la marca, que aún sin ser de nacimiento, quiero tener toda la vida.


                 La quinta parte de toda una vida.

Tenía y sigue teniendo esa pequeña costumbre de llamarme quejica. De hacerme rabiar con que siempre me duele algo, me molesta algo o simplemente con que hace calor. 

Le divertía y a la vez le molestaba, pero lo más bonito de todo era verla reaccionar, hablarme con todas las vocales cambiadas por "i" y ponerme caras feas, lo sé, difícil saliendo de ella. A veces decidía callarme, y siempre era de manera diferente. Podéis imaginaros la bonita, quizás un par de besos, pero jamás llegaréis a entender que me gustaba más verla enfadada, que incluso era más guapa así.